Buscaré a los pesados de la empresa privada, dos políticos que me sirvan de conserjes y una bolsa de dinero para los militares
Daré un golpe de Estado... total, después de unos cuantos días me declararán héroe. Lo primero que haré será ponerme en contra de todo lo que haga el Presidente, contrataré a unos cuantos periodistas para que me den espacios en los medios, luego me acercaré a los empresarios los convenceré que el loco del Presidente quiere expropiarles sus bienes y... el resto? será como pegarle una patada a un borracho.
Ofreceré el negocio a aquellos que tienen los hilos del poder. A aquellos que guardan concesiones sabrosas, como la de los aeropuertos y todos los que gana millones con pingues negocios explotando los recursos naturales… también a aquellos que venden energía eléctrica con contratos leoninos a la ENEE, a los dueños de los medios de comunicación, a aquellos que le venden medicinas vencidas al gobierno, les diré que les quieren dar vuelta a su tortilla.
Iré donde aquellos que disfrutan de exoneraciones fiscales, donde los que tienen dispensas. Donde los dueños de Bancos, donde los maquileros. Llamaré a la Embajada de Estados Unidos y les diré que el Presidente fabrica una bomba atómica, ja, ja, ja, esos locos sí que lo creerán.
Me compraré un cardenal y daré unas monedas a los pastores de las iglesias evangélicas. Además pagaré unas fichas al Comisionado de Derechos Humanos. Por último haré una recaudación de dinero entre los empresarios y contrataré al General, con lo que sobre, me voy al Congreso y pago a los diputados.
Escogeré un día importante y sacaré al Presidente de su casa en pijama. Reuniré al Congreso, falsificaré una denuncia y llamaremos al golpe “Suseción constitucional”. Antes dejaré listo para que ellos me declaren Diputado Vitalicio y me den seguridad eterna para mi y para mis familiares.
Voy a reprimir al pueblo, les daré orden a los militares para que maten a los que salgan a las calles, mantendré a punta de fusil al pueblo y pondré toques de queda para que todo aquél que salga a la calle, sea apaleado con todo gusto.
Ya estando en Casa de Gobierno, no haré caso a nadie. Devolveré a los empresarios sus dineros, compraré voluntades, contrataré a mis amigos y haré fiesta con los dineros del pueblo. Voy a regalar dinero a diestra y siniestra. Me daré todos los lujos; mandaré a traer un tigre desde Sudáfrica y solo beberé agua traída desde Londrés. Por donde me mueva me acompañará un cortejo de 8 carros blindados. De la comunidad internacional me reiré. Todo lo que me digan será en vano. Daré un Golpe de Estado, después de todo, me llamarán héroe.
martes, 26 de enero de 2010
lunes, 25 de enero de 2010
Maté un ratón y no tengo perdón
blog.tartana.info/public/raton.jpg
Mi mujer que es de oído muy sensible y una súper intolerante con el movimiento de animales en su casa, ya había detectado un ratón. Yo no lo sabía y tampoco a mi me agradó la idea de compartir la casa con un ratón. Así es que sin yo saberlo ella decidió montar un operativo de captura y asesinato del pequeño roedor.
De pronto le vi la maquina de la muerte; una trampa compuesta por una pequeña jaula
En cuyo interior pendía desde el techo un alambrito, este alambrito que por dentro era para poner un pedazo de queso o que sé yo, algo que invitara al ratón, se adhería, por encima del techo, a la compuerta de la jaula de manera que el ratón al intentar comer lo que estaba dentro, movía el alambrito y… plus se cerraba la compuerta.
Como ella, mi mujer, mira contaminación en todos lados, me pidió que alistara la trampa. El primer día alistamos un pedazo de embutido, pensé que sería delicioso para el ratón. Pero no, esa noche no apareció, al día siguiente vimos la carne con algunas hormigas.
A la siguiente noche decidió cambiar de lugar, otra vez aliste la trampa y nada. La jaula apareció sin el ratón y sin la carne. Eso me pareció algo impresionante.
Al tercer día, ella agarró un pedazo de pan y se lo puso adentro y bingo !.. Al día siguiente en la mañana estaba el ratón o rata, quién sabe?... Ella comunicó orgullosa que su presa había sido atrapada. La siguiente etapa era darle fin a la rata. Eso era lo peor. Soy muy cruel, he matado algunas cucarachas, moscas y zancudos.. Soy un asesino !!! Pero de la forma como moriría esta criatura no me lo puedo perdonar.
Ella preparó agua caliente y la idea era buscar el peor recipiente para llevar hasta allí la jaula con el ratón dentro. No me pareció. Preferí echar el agua de una vez sobre la jaula y ví como el efecto del agua hizo agonizar al animal, me quedé viéndolo, como se retorcía y hacía unas raras contorsiones. Creo que por allí se me ocurrió darle respiración artificial. Pero luego ella me dijo que el animal sufría, volví entonces con otra porción de agua, poco a poco llegó el silencio, en segundos quedó completamente inmóvil el animal. Yo quedé viéndolo y me sentí lo peor. No tengo perdón.
Mi mujer que es de oído muy sensible y una súper intolerante con el movimiento de animales en su casa, ya había detectado un ratón. Yo no lo sabía y tampoco a mi me agradó la idea de compartir la casa con un ratón. Así es que sin yo saberlo ella decidió montar un operativo de captura y asesinato del pequeño roedor.
De pronto le vi la maquina de la muerte; una trampa compuesta por una pequeña jaula
En cuyo interior pendía desde el techo un alambrito, este alambrito que por dentro era para poner un pedazo de queso o que sé yo, algo que invitara al ratón, se adhería, por encima del techo, a la compuerta de la jaula de manera que el ratón al intentar comer lo que estaba dentro, movía el alambrito y… plus se cerraba la compuerta.
Como ella, mi mujer, mira contaminación en todos lados, me pidió que alistara la trampa. El primer día alistamos un pedazo de embutido, pensé que sería delicioso para el ratón. Pero no, esa noche no apareció, al día siguiente vimos la carne con algunas hormigas.
A la siguiente noche decidió cambiar de lugar, otra vez aliste la trampa y nada. La jaula apareció sin el ratón y sin la carne. Eso me pareció algo impresionante.
Al tercer día, ella agarró un pedazo de pan y se lo puso adentro y bingo !.. Al día siguiente en la mañana estaba el ratón o rata, quién sabe?... Ella comunicó orgullosa que su presa había sido atrapada. La siguiente etapa era darle fin a la rata. Eso era lo peor. Soy muy cruel, he matado algunas cucarachas, moscas y zancudos.. Soy un asesino !!! Pero de la forma como moriría esta criatura no me lo puedo perdonar.
Ella preparó agua caliente y la idea era buscar el peor recipiente para llevar hasta allí la jaula con el ratón dentro. No me pareció. Preferí echar el agua de una vez sobre la jaula y ví como el efecto del agua hizo agonizar al animal, me quedé viéndolo, como se retorcía y hacía unas raras contorsiones. Creo que por allí se me ocurrió darle respiración artificial. Pero luego ella me dijo que el animal sufría, volví entonces con otra porción de agua, poco a poco llegó el silencio, en segundos quedó completamente inmóvil el animal. Yo quedé viéndolo y me sentí lo peor. No tengo perdón.
sábado, 23 de enero de 2010
Haití, Odeco y República Dominicana
La organización hondureña segirá haciendo actividades para hacer llegar ayuda a República Dominicana declarado por la ONU corredor humanitario para Haití
Foto de reunión entre representantes de Odeco y organizaciones del Foro Ciudadano
de República Dominicana que estructuraron una plataforma de ayuda a Haití.

El problema de hacer donaciones radica en quién las convoca, a manos de quién caen y quién las distribuye. En este sencillo, pero exigente planteamiento se encuentra el futuro de Haití ahora en la era post terremoto del E-12, cifrados los muertos en poco más de 193 mil y cuando las autoridades ya han suspendido la búsqueda de vidas bajo los escombros.
Para empezar no me parece decente el anuncio del gobierno en cuanto al fin de búsqueda de vidas, pues la esperanza es lo último que se pierde, pero lo toral de este artículo no es más que extenderle la tarjeta de invitación para reflexionar sobre la filosofía de ayudar. Iniciamos con el viejo adagio de que no todo lo que brilla oro es, por mi parte, puedo decir que participé en la entrega de una donación en República Dominicana, es decir, aviso a quienes colaboraron en La Ceiba, a quienes entregaron sus donativos a Odeco, que el “equipaje” ya fue entregado.
La Organización de la Naciones Unidas ONU, montó en República Dominicana un corredor humanitario para colaborar con Haití, no faltaba más y en cuestión de horas fuimos recibidos como la ocasión lo amerita. Como anécdota queda la hora que transcurrimos en el avión antes que hicieran el remolque de la aeronave, luego de esto, en un dos por tres teníamos a Sergia Galván enfrente, “No se aconseja entrar a Haití”, nos dijo. Acto seguido los dominicanos entraron en la disertación de un basto operativo pro-Haití.
A los medios se le ha escapado la información sobre el paradero desconocido de más de 20 obreros hondureños que trabajan en la maquila haitiana. Al igual que la destrucción de poblados fuera de Puerto Príncipe.
Si bien toda ayuda es poca. A esta altura, los haitianos, comen y beben producto con sello hondureño. Pero no queda allí, es ahora cuando la lucha comienza, por ello los equipos de trabajo continúan haciendo recolección de víveres y quienes lo prefieran pueden hacer sus donativos en dinero.
En Tegucigalpa, este 6 de febrero habrá una maratón en el Parque Central, será un espectacular show benéfico que contará con artistas nacionales incluyendo el Ballet Nacional Garífuna. La misión de la Odeco es estructurar una estrategia de ayuda a corto, mediano y largo plazo, una obra humanitaria que debemos continuar. Haití, un compromiso humano.
Foto de reunión entre representantes de Odeco y organizaciones del Foro Ciudadano
de República Dominicana que estructuraron una plataforma de ayuda a Haití.

El problema de hacer donaciones radica en quién las convoca, a manos de quién caen y quién las distribuye. En este sencillo, pero exigente planteamiento se encuentra el futuro de Haití ahora en la era post terremoto del E-12, cifrados los muertos en poco más de 193 mil y cuando las autoridades ya han suspendido la búsqueda de vidas bajo los escombros.
Para empezar no me parece decente el anuncio del gobierno en cuanto al fin de búsqueda de vidas, pues la esperanza es lo último que se pierde, pero lo toral de este artículo no es más que extenderle la tarjeta de invitación para reflexionar sobre la filosofía de ayudar. Iniciamos con el viejo adagio de que no todo lo que brilla oro es, por mi parte, puedo decir que participé en la entrega de una donación en República Dominicana, es decir, aviso a quienes colaboraron en La Ceiba, a quienes entregaron sus donativos a Odeco, que el “equipaje” ya fue entregado.
La Organización de la Naciones Unidas ONU, montó en República Dominicana un corredor humanitario para colaborar con Haití, no faltaba más y en cuestión de horas fuimos recibidos como la ocasión lo amerita. Como anécdota queda la hora que transcurrimos en el avión antes que hicieran el remolque de la aeronave, luego de esto, en un dos por tres teníamos a Sergia Galván enfrente, “No se aconseja entrar a Haití”, nos dijo. Acto seguido los dominicanos entraron en la disertación de un basto operativo pro-Haití.
A los medios se le ha escapado la información sobre el paradero desconocido de más de 20 obreros hondureños que trabajan en la maquila haitiana. Al igual que la destrucción de poblados fuera de Puerto Príncipe.
Si bien toda ayuda es poca. A esta altura, los haitianos, comen y beben producto con sello hondureño. Pero no queda allí, es ahora cuando la lucha comienza, por ello los equipos de trabajo continúan haciendo recolección de víveres y quienes lo prefieran pueden hacer sus donativos en dinero.
En Tegucigalpa, este 6 de febrero habrá una maratón en el Parque Central, será un espectacular show benéfico que contará con artistas nacionales incluyendo el Ballet Nacional Garífuna. La misión de la Odeco es estructurar una estrategia de ayuda a corto, mediano y largo plazo, una obra humanitaria que debemos continuar. Haití, un compromiso humano.
viernes, 22 de enero de 2010
Periodista hondureño cuenta su experiencia en Haití
“Nunca había visto tantos muertos juntos, tanta pobreza, realmente aquí, en Honduras, lo tenemos todo”, dice Pablo Guity Zapata
Pablo en una refugio de damnificados en Haití
Los hondureños conocieron la desgracia haitiana de primera mano, uno de los nuestros, Pablo Guity Zapata, estuvo en el lugar para contarnos todo a través de La Prensa. Así las cosas, de regreso a casa volando entre Santo Domingo y La Ceiba. habló de lo que vio.
Sin siquiera pensarlo Pablo fue el primer periodista hondureño, de periódico, que puso un pie en Haití: “Realmente ha sido una experiencia dura, dice, las cosas en el país caribeño no están bien. Yo como periodista, tenía la obligación de ir a cubrir y lo que vi me deja pensando lo bien que estamos en Honduras, realmente hay personas que están peor que nosotros. Lo de Haití es un desastre”.
“A veces nuestros hijos quieren ir a Burguer King, Wendys… pero en Haití no hay nada de eso, son gente que vive con lo mínimo. Sus casas están hechas de un raro material, muy débil, sus calles están hechas pedazos, su gente visten mal”.
En el avión, volando entre República Dominicana y La Ceiba Honduras

“Durante mi visita a una zona, como de refugiados, un niño me pidió dos pesos y yo metí mis manos en la bolsa para dárselos, cuando levanté mi cabeza, estaba rodeado de mucha gente pidiéndome dinero, tiré las monedas al suelo y me fui, ellos quedaron recogiéndolas”.
“Muertos por todos lados, hay una foto donde una persona busca su muerto de entre cientos de cadáveres. Además está la inseguridad, el país tiene este problema. Hay que tener valor para entrar allí. En un Hospital vi a un hombre que había perdido a su familia, a él le había caído una pared encima, seguramente le iban a cortar los dos pies, a este hermano le tocaban las uñas y pegaba unos gritos horribles que me dejaron con ganas de llorar, Haití necesita de mucha ayuda”.
Pablo en una refugio de damnificados en Haití
Los hondureños conocieron la desgracia haitiana de primera mano, uno de los nuestros, Pablo Guity Zapata, estuvo en el lugar para contarnos todo a través de La Prensa. Así las cosas, de regreso a casa volando entre Santo Domingo y La Ceiba. habló de lo que vio.
Sin siquiera pensarlo Pablo fue el primer periodista hondureño, de periódico, que puso un pie en Haití: “Realmente ha sido una experiencia dura, dice, las cosas en el país caribeño no están bien. Yo como periodista, tenía la obligación de ir a cubrir y lo que vi me deja pensando lo bien que estamos en Honduras, realmente hay personas que están peor que nosotros. Lo de Haití es un desastre”.
“A veces nuestros hijos quieren ir a Burguer King, Wendys… pero en Haití no hay nada de eso, son gente que vive con lo mínimo. Sus casas están hechas de un raro material, muy débil, sus calles están hechas pedazos, su gente visten mal”.
En el avión, volando entre República Dominicana y La Ceiba Honduras

“Durante mi visita a una zona, como de refugiados, un niño me pidió dos pesos y yo metí mis manos en la bolsa para dárselos, cuando levanté mi cabeza, estaba rodeado de mucha gente pidiéndome dinero, tiré las monedas al suelo y me fui, ellos quedaron recogiéndolas”.
“Muertos por todos lados, hay una foto donde una persona busca su muerto de entre cientos de cadáveres. Además está la inseguridad, el país tiene este problema. Hay que tener valor para entrar allí. En un Hospital vi a un hombre que había perdido a su familia, a él le había caído una pared encima, seguramente le iban a cortar los dos pies, a este hermano le tocaban las uñas y pegaba unos gritos horribles que me dejaron con ganas de llorar, Haití necesita de mucha ayuda”.
jueves, 21 de enero de 2010
"Sentíamos que el edificio se nos venía encima"
Así lo dice una hondureña que sobrevivió al terremoto de Haití. Ya está en Honduras y se siente en la gloria
Rosa cuenta su historia en el avión que la trajo de regreso a Honduras

Rosa Girón tiene 28 años y los últimos cuatro los vivió en la malograda Haití. El martes, una semana después del terremoto, se encontraba a bordo de un avión con rumbo a Honduras en el viaje más sabroso de su vida. Trajo a sus dos hijos, Roger de 7 años y Oliver de 17 meses, pero atrás se quedó su esposo, un mecánico de aviación, que sigue en el escenario de la desgracia, por la obligación que da el trabajo.
En la cara y voz de Rosa, se notaba una sensación de triunfo, estaba inquieta y emocionada por el regreso. Mientras Roger y Oliver dormían cobijados por una tibia frazada, la mujer relató lo que ocurrió el día que partió en dos la historia del que se considera el país más pobre de occidente.
Lo que ocurrió aquél día
Su esposo, Roger Palma, llegaba del trabajo y buscaba irse con el niño mayor a jugar fútbol, en eso se nos extravió la llave del carro y estábamos buscándolas cuando sentimos los primero temblores, fue una cosa bien fea, todos nos quedamos mirando y nuestra reacción fue buscar a los niños, en ese instante personal del hotel en donde vivimos gritaban a todos que saliéramos y así lo hicimos, como todo fue rápido nos abrazamos los cuatro en las afueras del hotel y mirábamos como el edificio temblaba, pensábamos que se nos venía encima, nos hicimos un nudo para esperar lo que pasaría”.
“Durante el terremoto se escuchó una explosión bien horrible, no puedo comparar, pero fue feo, realmente no sé que le puedo decir, es que realmente fue feo y se sintió que era algo grande, vimos como se vino abajo el muro del hotel y unas casas de enfrente se cayeron encima de la gente que vivía allí”, relata Rosa.
“Después de esto se escucharon gritos de lamento en las calles, todos lloraban, los haitianos son muy unidos, pero ya luego se fue la luz, no había televisión local, no había noticias y todo era silencio, como que todos se habían muerto, como que no había vida allí. Entramos a la casa y todo era desorden, todas las cosas estaban en el suelo, era un relajo”
El trauma de otro terremoto
“Ya nos habían dicho que no podíamos estar allí, fue así cómo nos quedamos dos noches y dos días viviendo en el parqueo, durmiendo y comiendo allí, no había mucho problema porque todos no quedamos allí. Sentíamos mucho miedo de que volviera a ocurrir un terremoto, fue así como el viernes decidimos viajar a República Dominicana”, finalmente cuatro días, Rosa y sus hijos tomaron el ansiado vuelo a Honduras. Cuenta Rosa que cuando vio a los hondureños, fue como que hubiera visto a sus propicios familiares.
Al día siguiente del terremoto y camino al aeropuerto el esposo de Rosa, descubrió que el Supermercado en el que habían comprado víveres un día antes, ya no existía además contó 67 muertos tirados en las calles, habían cientos más en otros lados y otros miles bajo los escombros. También muchos resistían bajo el concreto, algunos de ellos fueron rescatados.
Quema de cadáveres
Las autoridades haitianas debieron quemar algunos cadáveres y otros enterrarlos en fosa común, esta medida fue criticada por los locales porque “Ellos son muy respetuosos con los muertos, ellos los velan durante una semana y se ponen lo mejor que tienen para rendirles tributo, los varones se van de traje, las mujeres con vestidos de gala y son grandes fiestas las que hacen, yo no sé de donde sacan tanto dinero, como son tan pobres a lo mejor empeñan o prestan, pero ya le digo… ellos hacen lo mejor para sus muertos”.
“Los haitianos, dice, son personas muy creativas, ellos hacen de todo por ganar el dinero, hacen muchas pinturas e inventan de todo, últimamente me sentían muy segura en Puerto Príncipe que en San pedro Sula por la noticias que miraba, allá –en Puerto Príncipe- nadie te roba”.
Cuando descendió del avión en La Ceiba, Rosa no podía contener su emoción, aunque con la preocupación de tener a su esposo en Haití y luego por la continuación del estudio de su hijo “voy a tener que buscarle escuela y no sé nada de San Pedro, pobrecito mi hijo él no quería venirse, me decía que no quería dejar su escuela, además porque quería quedarse cuidando a su papá porque tiene miedo que muera”.
Rosa cuenta su historia en el avión que la trajo de regreso a Honduras

Rosa Girón tiene 28 años y los últimos cuatro los vivió en la malograda Haití. El martes, una semana después del terremoto, se encontraba a bordo de un avión con rumbo a Honduras en el viaje más sabroso de su vida. Trajo a sus dos hijos, Roger de 7 años y Oliver de 17 meses, pero atrás se quedó su esposo, un mecánico de aviación, que sigue en el escenario de la desgracia, por la obligación que da el trabajo.
En la cara y voz de Rosa, se notaba una sensación de triunfo, estaba inquieta y emocionada por el regreso. Mientras Roger y Oliver dormían cobijados por una tibia frazada, la mujer relató lo que ocurrió el día que partió en dos la historia del que se considera el país más pobre de occidente.
Lo que ocurrió aquél día
Su esposo, Roger Palma, llegaba del trabajo y buscaba irse con el niño mayor a jugar fútbol, en eso se nos extravió la llave del carro y estábamos buscándolas cuando sentimos los primero temblores, fue una cosa bien fea, todos nos quedamos mirando y nuestra reacción fue buscar a los niños, en ese instante personal del hotel en donde vivimos gritaban a todos que saliéramos y así lo hicimos, como todo fue rápido nos abrazamos los cuatro en las afueras del hotel y mirábamos como el edificio temblaba, pensábamos que se nos venía encima, nos hicimos un nudo para esperar lo que pasaría”.
“Durante el terremoto se escuchó una explosión bien horrible, no puedo comparar, pero fue feo, realmente no sé que le puedo decir, es que realmente fue feo y se sintió que era algo grande, vimos como se vino abajo el muro del hotel y unas casas de enfrente se cayeron encima de la gente que vivía allí”, relata Rosa.
“Después de esto se escucharon gritos de lamento en las calles, todos lloraban, los haitianos son muy unidos, pero ya luego se fue la luz, no había televisión local, no había noticias y todo era silencio, como que todos se habían muerto, como que no había vida allí. Entramos a la casa y todo era desorden, todas las cosas estaban en el suelo, era un relajo”
El trauma de otro terremoto
“Ya nos habían dicho que no podíamos estar allí, fue así cómo nos quedamos dos noches y dos días viviendo en el parqueo, durmiendo y comiendo allí, no había mucho problema porque todos no quedamos allí. Sentíamos mucho miedo de que volviera a ocurrir un terremoto, fue así como el viernes decidimos viajar a República Dominicana”, finalmente cuatro días, Rosa y sus hijos tomaron el ansiado vuelo a Honduras. Cuenta Rosa que cuando vio a los hondureños, fue como que hubiera visto a sus propicios familiares.
Al día siguiente del terremoto y camino al aeropuerto el esposo de Rosa, descubrió que el Supermercado en el que habían comprado víveres un día antes, ya no existía además contó 67 muertos tirados en las calles, habían cientos más en otros lados y otros miles bajo los escombros. También muchos resistían bajo el concreto, algunos de ellos fueron rescatados.
Quema de cadáveres
Las autoridades haitianas debieron quemar algunos cadáveres y otros enterrarlos en fosa común, esta medida fue criticada por los locales porque “Ellos son muy respetuosos con los muertos, ellos los velan durante una semana y se ponen lo mejor que tienen para rendirles tributo, los varones se van de traje, las mujeres con vestidos de gala y son grandes fiestas las que hacen, yo no sé de donde sacan tanto dinero, como son tan pobres a lo mejor empeñan o prestan, pero ya le digo… ellos hacen lo mejor para sus muertos”.
“Los haitianos, dice, son personas muy creativas, ellos hacen de todo por ganar el dinero, hacen muchas pinturas e inventan de todo, últimamente me sentían muy segura en Puerto Príncipe que en San pedro Sula por la noticias que miraba, allá –en Puerto Príncipe- nadie te roba”.
Cuando descendió del avión en La Ceiba, Rosa no podía contener su emoción, aunque con la preocupación de tener a su esposo en Haití y luego por la continuación del estudio de su hijo “voy a tener que buscarle escuela y no sé nada de San Pedro, pobrecito mi hijo él no quería venirse, me decía que no quería dejar su escuela, además porque quería quedarse cuidando a su papá porque tiene miedo que muera”.
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