viernes, 18 de noviembre de 2016

Dos garífunas se encuentran en un súper mercado en los Estados Unidos, ¿Qué es lo que sucede? ¿Se saludan?

Encontrarse, fuera del país, con los paisanos es una de las lindas alegrías que pueda uno experimentar, pero no siempre suele ser así, porque a más de alguno se le olvida de donde es.


Tambores garifuna. Foto de http://ambergriscaye.com/
Tegucigalpa, Honduras 18 de noviembre de 2016.- Se encuentran dos garífunas en los Estados Unidos. Una señora y un señor.  La señora llevaba quizá tres o cuatro años  sin ver a un garífuna como ella, tenía necesidad de hablar en su lengua, le hacía falta conversar, era una necesidad casi fisiológica.

De pronto, bingo! Un día se encuentra con un varón que había visto en La Ceiba, estaba seguro que era él, pero para asegurarse prefirió, preguntar, además ya no se acordaba del nombre:
-Disculpe, usted es garífuna, de Honduras, de La Ceiba? -

El hombre cambió de cara y casi enojado, contestó en tono cubano:
-No, yo soy cubano chica-
Arrugó la cara y se fue. Ella también se alejó
Caminaron en direcciones opuestas: Ella para el norte y él para el Sur. 
Ella pensaba y pensaba. Estaba segura que era él.

Él, por su parte, quedó con cargos de conciencia, había mentido sobre su raza y su país. Se sintió muy tonto. Comenzó a tener remordimientos.

Caminando cada quien por su lado se volteaban a ver de reojo. Los dos sabían que había una mentira. Uno se sintió atrapado y la otra intrigada.  

Pasó aquello pero para mala suerte del “cubano”, la señora volvió a cruzarse en su camino mientras pagaba  -recordemos que estaban en un supermercado-. Él siguió mirándola de reojo, estaba de “ni me mirés, ni me hablés”. Quería que la tierra lo tragara, pero la señora hizo la maniobra de su vida. Como queriendo decir, a mí no me vas a ver la cara de tonta pasó muy cerca de él y de despedida le dijo:
Adiós señor cubano! 

Aquél señor se sintió mortalmente herido. Lo mató, moralmente. Lo había humillado de la forma más artera. Lloraba por dentro.

Cuando llegó a su apartamento, lloraba por fuera. Era para nunca más volver a hacer algo así.

Esa anécdota, paso hace mucho, pero está vigente; Tenemos crisis de identidad, muchos hombres y mujeres se creen jamaiquinos, estadounidenses, dominicanos, puertorriqueños y por supuesto cubanos o africanos. Se niegan a sí mismos.

No se creen garífunas. Es fácil de distinguirlos porque la luz de ellos y ellas es opaca.

A veces hay quienes llevan al extremo esta negación y hasta llegan a decir que no hablan el garífuna,  cuando lo hablan perfectamente.

Cierta vez en el programa MundoAfroh, el primer programa de TV en Honduras dirigido a la comunidad garífuna, una de nuestras compañeras, innovó  haciendo que los entrevistados hablaran en garífuna. Cierta cubría un partido clasificatorio entre Honduras y Guatemala. En los dos bandos había garífunas.

Recuerdo que los guatemaltecos Ricardo Trigueño Foster y Guillermo Ramírez, ambas estrellas de la selección de ese país no tuvieron problemas para dar un mensaje en garífuna.


Quien sí tuvo problemas fue un hondureño, cuyo nombre omito, nacido en un pueblo garífuna. Él dijo claramente que no hablaba garífuna. Mi compañera lo ignoró y le retiró el micrófono. Sabíamos que hablaba garífuna.