viernes, 25 de septiembre de 2009

Golpistas no dejan pasar medicamentos a Embajada de Brasil, pero los enfermos están dispuestos a morir

Durante media hora, los policías revisaron la comida que iba con destino a la Embajada; varios litros de refrescos, panes, algunas frituras, un pastel para celebrar el cumpleaños del Padre Tamayo y otras cosas menores que ahora, dentro de la Embajada, tiene un gran valor. Cuando le tocó el turno a la bolsa, negra, la de los medicamentos, con jarabes y otros… fue apartada. Una de las mujeres que buscaban el ingreso de la medicinas identificó unos de los paquetes, “Son toallas sanitarias”, dijo. El Policía no se inmutó. La vio con desde.  Soy hombre, pero imagino que las toallas sanitarias son importantes para ellas.

Eso fue el jueves en la noche. Por la mañana del viernes, Luís Galdamez periodista de Radio Globo que está entre lo refugiados, hizo una transmisión, que en realidad se trataba de una señal de humo para que el mundo conozca el rostro más repudiable del golpe de Estado; dentro de la Embajada hay enfermos y no dejan pasar medicamentos.

Galdámez entrevistó a un doctor que prefirió el anonimato, solo se identificó como “el doctor de la resistencia”, dijo que la situación es precaria, la Embajada se llena de basura, porque hasta eso prohíben los militares. A esta altura la basura acumulada es ya un serio contaminante. Los militares lo saben bien

El doctor dijo que se sienten olores de sustancias extrañas y eso ha creado sangrado de nariz y oído en varios de los refugiados. El médico lanzó un llamado a Carlos Aguilar, el legítimo ministro de salud, para que haga gestiones ante la ONU con el fin de lograr la entrada de medicamentos. Cualquier cosa que suceda con cualquier persona es responsabilidad del gobierno de facto, mencionó.

El conocido dirigente Rasel Tomé uno de los pacientes, dijo que no se salía de la Embajada, que se quedaba junto al Presidente. De acuerdo al periodista Galdamez a algunos enfermos prefieren la muerte antes que caer en manos de gorilas que hay afuera.

Y mientras del interior de la Embajada se escuchan los gritos de auxilio, en las afueras continúa una grosera presencia del Ejército y de la Policía: continúan a cada instante los excesos con la población. El país se sigue hundiendo, los niños siguen sin clases, el comercio camina muy lentamente, violaciones sexuales a mujeres, disparos de bombas lacrimógenas, saqueos, paros en los hospitales, manifestaciones populares, toques de queda. En Honduras, por ahora, no existen derechos humanos, pero para Micheletti, "todo está bien".